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¿Cómo enfrentar el desafío de la IA en la empresa, o el trabajo? La importancia del pensamiento estratégico
Si usted es empresario, o emprendedor (o, incluso un trabajador, o un ciudadano), métase bien una cosa en su cerebro: el tsunami que supone el desarrollo de la Inteligencia Artificial, y su implantación imparable en todos los aspectos de nuestras vidas, nuestras sociedades, y el tejido empresarial y productivo, no es simplemente una nueva revolución tecnológica o industrial más, a la que deberá adaptarse. Lo de la Inteligencia Artificial es distinto. Es un cambio de paradigma.
La Humanidad ya ha vivido varias de estas revoluciones, en las que el desarrollo de algunas tecnologías y descubrimientos han transformado los modos productivos, y traído con ello la evolución de nuestras sociedades. Nuevos tiempos, nuevas formas de trabajar. Es indudable que, a mediano o corto plazo, han mejorado nuestras vidas, y nos hemos adaptado. La Inteligencia Artificial, en cambio, lo va a transformar todo.
Pero noto que la mayoría de profesionales y empresarios no está entendiendo lo que realmente significa la Inteligencia Artificial. Se quedan en la superficie, con las mil informaciones y novedades sobre las herramientas y plataformas que cada día surgen por todas partes; o con todo el humo mediático que rodea la gran transformación que nos viene encima.
La IA más allá de sus herramientas
Y los entiendo. Estamos inmersos en (y muchas veces abrumados por) un mundo cada vez más ruidoso y convulso en muchos frentes, en una cotidianidad cada vez más rápida y abrumadora, en un océano de informaciones contradictorias, distópicas unas, laudatorias otras… Y sí, sabemos que viene algo grande. Vemos las grandes inversiones y luchas por materiales estratégicos, por todos lados nos dicen que peligran nuestros trabajos, entrevemos la gran lucha de poderes y ambiciones de grandes países y actores corporativos. Pero sentimos que poco podemos hacer, y seguimos adelante…
Sin embargo, más temprano que tarde cada uno de nosotros deberá detenerse a pensar en este tema. A mirar la Inteligencia Artificial más allá del ruido, y, sobre todo, de las herramientas. Más allá de ChatGPT, Claude, Perplexity o Gemini, de la generación de imágenes, o la automatización de tareas menores. De todos esos programas que ya se empiezan a introducir en nuestros ordenadores, nuestros móviles, nuestros coches y aparatos domésticos.
La transformación que trae la IA es trascendente, y afectará no sólo al tejido de la sociedad, sino al propio material del que está hecho.
Entender a qué nos enfrentamos
Pero no me voy a sumergir en la filosofía. En este espacio me quiero referir, concretamente, al ámbito profesional, laboral, y empresarial. Veo a la gente preocupada. ¿Me sustituirá la IA? ¿Perderé mi trabajo? ¿Cuánto me queda para quedar obsoleto? ¿Qué herramientas debo aprender, o implementar en la empresa?
Son cuestiones válidas, por supuesto. Hay que abordarlas, y cuanto antes, mejor. Mas, les digo, antes de poder aventurar una respuesta, hay que dar un paso previo: tenemos que entender primero a qué nos enfrentamos. Y, sobre todo, debemos darnos cuenta de que, sobre un tema con tantas facetas e implicaciones para nuestras vidas, desde el empresario hasta el trabajador deben, primero, pensar estratégicamente.
Estamos a tiempo, pero no crean. Tampoco nos sobra. Hay que hacerlo ya. Estamos aún en una etapa de la IA en la que todavía domina lo que se conoce como automatización cognitiva parcial, en la que esta se combina con la supervisión humana para gestionar tareas complejas que requieren prudencia, razonamiento, o toma de decisiones, que no están delegadas totalmente a una máquina. Pero las cosas van corriendo muy rápido, y este no es más que un paso intermedio entre el procesamiento manual y la autonomía total de la IA, que es, al parecer, lo que realmente viene.
Hacer las preguntas correctas
Y eso cambia, definitivamente, la propia estructura del valor profesional. ¿Qué podemos hacer entonces? Pues, para empezar, detenernos un momento, estudiar el problema, y comenzar por hacer las preguntas correctas. No estamos hablando de que debamos (solo) aprender nuevas habilidades para hacer nuestro trabajo, o que (solo) debamos adaptarnos a utilizar algún aparato o software más moderno. Aquí nos referimos a la propia diferencia entre lo que aporta a una actividad profesional el ser un humano, o el ser una máquina.
De modo que la pregunta realmente sería, por ejemplo: ¿Qué parte de mi valor diferencial sigue siendo exclusivamente humano?
En muchos sectores (el editorial, el jurídico, la consultoría, la educación, etc.), el riesgo que enfrentan sus trabajadores, hoy por hoy, no es tanto la sustitución total por las máquinas, la eliminación de sus profesiones, sino la erosión silenciosa del posicionamiento, la reordenación de las jerarquías. Lo que te puede ‘salvar’ no será que sepas usar más herramientas de IA (que ayudará, por supuesto). Será, ante todo, comprender el marco estratégico, y ver cuál será tu nuevo valor diferenciador. Qué de ti es bueno para tu profesión, y una máquina no podrá hacer, o no lo haría tan bien, o, al menos, no lo haría de manera tan confiable.
Después de más de 30 años navegando entre mundos tan diversos como la ciencia, el periodismo y el análisis tecnológico, estoy convencido de que nos enfrentamos a un problema que parece tecnológico, pero es conceptual. Y que, por lo tanto, se resuelve con criterio.
Decía Sun Tzu que la táctica sin estrategia es el ruido antes de la derrota. Estamos en un punto de inflexión histórico. La revolución de la IA está naciendo. ¿Qué piensas sobre esto?
Si trabajas en un sector donde la Inteligencia Artificial empieza a generar incertidumbre, me interesa escucharte.
