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La Inteligencia Artificial y el sentido del aprendizaje
El reto que supone el desarrollo de la Inteligencia Artificial en el ámbito de la Educación, es mucho más profundo que la simple introducción de nuevas herramientas. En tiempos en que producir textos o resolver problemas se puede hacer (o, al menos, simular hasta una forma convincente) con una máquina, ¿qué significa realmente educar? Es la hora de reflexionar. De la Pedagogía con P mayúscula.
Para el ser humano, aprender exige recorrer un proceso. Sobre esta premisa se han fundamentado todos los sistemas de enseñanza, a través de la Historia, más allá de sus diferentes enfoques o metodologías. Adquirir unos conocimientos, leer un libro, escribir un texto, resolver un problema, o construir un argumento, son cosas que requieren tiempo, esfuerzo y atención. Es el premio que se obtiene tras atravesar un recorrido intelectual, ese camino donde ocurre el aprendizaje.
Es por ello que la aparición reciente de sistemas de Inteligencia Artificial capaces de generar textos, responder preguntas o producir explicaciones en segundos, introduce una situación completamente nueva en este panorama. Es un cambio de paradigma. De base.
Hoy un estudiante puede pedir a una máquina que redacte un ensayo, resuma un capítulo o explique un concepto, y obtener una respuesta inmediata. En ese medio minuto en que espera a que se genere el texto, ninguno de los dos, ni el estudiante, ni la máquina, han aprendido nada. Esta última, lo único que ha hecho es trabajar unos parámetros, con una rapidez que parece mágica y siguiendo unos algoritmos entrenados más o menos mecánicamente. Y el alumno, o la alumna, lo único que ha constatado es que, sí, algo fundamental ha cambiado: la producción de conocimiento puede delegarse técnicamente.
Y esta simple constatación plantea una pregunta profunda para la propia esencia de la educación contemporánea: ¿Qué significa aprender cuando producir conocimiento se vuelve (o se puede volver) técnicamente automático?
Producción de lenguaje no es igual a pensamiento
Precisamente por eso es importante, indispensable, que todos los participantes en el sistema educativo, desde el profesorado hasta los responsables institucionales, conozcan muy bien qué es esta nueva tecnología que puede transformar la propia esencia del proceso de aprendizaje de las nuevas generaciones. Que comprendan qué ocurre realmente en estos sistemas, como funcionan, qué es lo que realmente ‘dan’ cuando producen un ensayo, un resultado, una respuesta.
Gran parte de la atención pública sobre la Inteligencia Artificial se ha centrado en sus herramientas para generar textos o respuestas aparentemente inteligentes. Sin embargo, las herramientas de Inteligencia Artificial generativa no piensan en sentido humano. No comprenden verdaderamente lo que dicen, ni poseen intención o conciencia. Lo que hacen es generar lenguaje a partir de patrones estadísticos extremadamente complejos, aprendidos a partir de grandes cantidades de datos.
El resultado puede sorprender, y hasta convincer, pero debemos recordar que la producción de lenguaje y el pensamiento son dos cosas distintas. Durante mucho tiempo, en el contexto educativo, ambas dimensiones han estado estrechamente vinculadas. Para elaborar un texto era necesario comprender, organizar ideas, establecer relaciones y construir un argumento.
Ahora la Inteligencia Artificial introduce la posibilidad de separar parcialmente, al menos en apariencia, estos dos niveles. Tal vez no sea algo ‘real’, sino que solo ‘da el pego’, pero ya es posible producir un texto, o un informe, incluso un desarrollo matemático, sin haber recorrido necesariamente el proceso intelectual que tradicionalmente lo generaba.
Y así, se plantea una situación nueva en el ámbito de la enseñanza. Buena parte de las prácticas educativas actuales se apoyan en actividades como escribir trabajos, resumir textos, responder preguntas o resolver ejercicios. Estas no eran solo un medio de evaluación. También eran una forma de obligar al estudiante a enfrentarse activamente al contenido. El propio acto de escribir obliga a pensar.
Riesgos y oportunidades
¿Qué hacer, pues, ante la aparición de sistemas capaces de generar automáticamente muchas de estas cosas? Enfrentados a esta cuestión de fondo, vemos entonces que el reto esencial que plantea la Inteligencia Artificial a la Educación es pedagógico, no tecnológico. Y no porque la sustituya, sino porque pone en cuestión algunos de los mecanismos tradicionales a través de los cuales se produce el propio aprendizaje.
De modo que la cuestión que se abre es más profunda: Debemos replantearnos qué parte del aprendizaje consiste realmente en pensar, y qué parte era simplemente producir respuestas.
A un problema de tal calado hay que enfrentarse de frente, de una forma proactiva. No podemos negarlo, ni ignorarlo. Tampoco sirve de nada quejarnos y maldecir el progreso de la ciencia y la tecnología. Como ocurre con muchos de sus avances, la Inteligencia Artificial puede ampliar nuestras capacidades, o empobrecerlas, todo dependerá del modo en que la utilicemos. Puede ser una poderosa herramienta para explorar ideas, contrastar información o formular nuevas preguntas. Podrá ayudarnos a curar enfermedades o realizar trabajos pesados.
Pero también puede convertirse en un atajo que sustituya el esfuerzo intelectual que se necesita para comprender realmente un problema. Y es en este sentido que la Inteligencia Artificial introduce una tensión interesante en el ámbito educativo: Por un lado, facilita mucho el acceso a explicaciones y contenidos. Por otro, puede debilitar el proceso a través del cual el conocimiento se construye interiormente.
La diferencia entre ambos escenarios no depende de la tecnología en sí misma, sino del modo en que decidamos integrarla en los procesos de aprendizaje. Pero, ¿cómo vamos a hacerlo, si no la conocemos realmente, si solo la vemos en su apariencia exterior de herramientas casi mágicas que producen respuestas, imágenes o videos ‘realistas’?
Repensar el sentido de educar
En mi opinión, la Inteligencia Artificial no elimina la necesidad de la Educación. En realidad, la hace aún más evidente, pues la Educación siempre ha tenido que adaptarse a los cambios sociales, culturales y tecnológicos de cada época. Hoy, además, contamos con toda una ciencia social que ha alcanzado un gran desarrollo: la Pedagogía. Una poderosa herramienta intelectual basada en el análisis de los procesos educativos que han empleado (y emplean) los seres humanos, y nos ayuda a reflexionar sobre la relación enseñanza-aprendizaje en cada época, y cada etapa de la vida.
Es la hora del pensamiento estratégico, de la reflexión, de la Pedagogía. La aparición de nuevas herramientas no anula la función fundamental de la enseñanza: ayudar a desarrollar la capacidad de pensar. En un mundo donde producir respuestas es cada vez más fácil, lo verdaderamente valioso será la capacidad de formular buenas preguntas, de comprender problemas complejos, y de pensar con claridad.
¿Cómo debe cambiar (o mejor: evolucionar) la Educación ante el nuevo paradigma que propone la IA? Al final, la Inteligencia Artificial nos obliga a volver a una pregunta esencial: ¿Qué significa realmente educar?
Me gustaría conocer vuestras reflexiones sobre estos temas…
