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Ideas sueltas sobre la Inteligencia Artificial en una época confusa (1)
Es curioso cómo nos hemos lanzado a diseñar y construir una inteligencia, sin haber llegado a comprender realmente qué es, o cómo funciona, la que bulle en nuestros propios cerebros…
Seamos sinceros: en el mundo de la Inteligencia Artificial, estamos en una época un poco confusa. En los últimos tiempos se está produciendo una polarización creciente en las ideas sobre su impacto, su presente y su futuro. Y ya no hablo (solo) de la sociedad, sino de algo que se observa, sobre todo, en los ámbitos especializados.
Se van conformando dos ‘bandos’ principales. Por un lado, los que refuerzan cada vez más el discurso que ya existía desde hace unos años, y afirman que esto es un tsunami imparable e inevitable que, en un corto-medio plazo, va a transformar de forma fundamental los propios cimientos de la sociedad, la economía, el trabajo, la ciencia… Por el otro, los que, sin llegar a negarlo, atemperan este panorama y hablan de plazos más largos, de bajar los datos y las expectativas a la realidad. Incluso, muchos hablan de hype o exageración publicitaria en torno a la IA para captar las enormes inversiones que las siempre sedientas compañías tecnológicas necesitan.
Ambos bandos, ya digo, vienen respaldados por expertos, economistas, ingenieros, filósofos. Ambos apoyan sus argumentos con datos, referencias históricas y reflexiones. En el medio se mantiene una masa un poco aturdida ante tanto ruido, tanta rapidez, tantas ‘novedades’ y discursos, que solo quieren usar la IA para lo que necesiten, que no saben bien si odiarla o temerla, y a la que ambos bandos de expertos reprochan, aunque sea sutilmente, su ignorancia tecnológica y falta de criterio.
Es difícil orientarse, realmente. ¿Qué nos depara el futuro en este campo? ¿Será Skynet, como afirman unos, o la panacea que prometen otros? ¿Perderemos los trabajos? ¿Será todo una gran burbuja, y terminaremos, después de todo, adoptando la IA como una herramienta más, como ocurrió con los ordenadores e internet?
No voy a abordar este debate aquí. Sería imposible. Solo compartiré, con ánimo de iniciar una conversación (amigable) con quien me lea y le apetezca, algunas reflexiones generales que llevo haciéndome desde hace un tiempo sobre la Inteligencia Artificial.
¿Artificial o ‘no espontánea’?
En primer lugar, es curioso cómo nos hemos lanzado a diseñar y construir una inteligencia, sin haber llegado a comprender realmente qué es, o cómo funciona, la que bulle en nuestros propios cerebros. ¡Incluso ya se discute sobre la capacidad de consciencia de las máquinas, cuando no tenemos ni idea de cómo se produce en nosotros! ¡Ni siquiera sabemos si podríamos llegar a saberlo realmente!
Tengo que confesar que nunca me gustado el nombre de ‘Inteligencia Artificial’.
En lo de Artificial, aún puedo aceptar cosas. La palabra viene del latín artificialis, compuesta por ars (arte, técnica o habilidad) y facere (hacer), más el sufijo de relación -alis. Significa, literalmente, ‘hecho con arte’ o ‘perteneciente a la técnica’, y denota algo hecho o producido por el ser humano. Y, bueno, aunque la IA llegue a independizarse algún día de la voluntad humana, lo cierto es que su origen, su génesis, es 100% humana, y, por tanto, ars humana…, artificial. Muy bien.
Pero pienso que lo que se quiere decir con esta palabra en este contexto, en realidad, es ‘no surgida de la naturaleza, o de forma natural, en este mundo’. Es decir, sus elementos y procesos, sí son tan naturales como cualquiera (el silicio y otros metales, la electricidad…), pero su nacimiento no ha sido espontáneo, sino manufacturado por unos intermediarios: nosotros. Pienso que, más bien, lo que se quiere decir es que se trata de una Inteligencia No Espontánea.
La inteligencia
Pero en lo de inteligencia… La palabra proviene del latín intelligentia, formada por inter (entre) y legere (escoger, leer), de modo que, etimológicamente, significa ‘saber elegir’ o ‘leer entre líneas’. De forma convencional, se define como la capacidad de comprender, razonar, aprender y resolver problemas, y elegir la mejor opción.
Pero luego, sabemos que no es una capacidad única, sino un conjunto de procesos cognitivos (memoria, atención, percepción) que permiten procesar información y actuar eficientemente. Y encontramos escuelas que hacen hincapié en algunos de sus aspectos, o en otros: la capacidad de aprendizaje, o de pensamiento crítico y creatividad, o de procesar información, o sus componentes emocionales y sociales…
Muchas teorías dicen que es un acervo de habilidades y aptitudes independientes entre sí, y que por eso existen, por ejemplo, genios en la música y el arte con una capacidad lógica limitada; o prominentes intelectuales incapaces de proyectar sus conocimientos o entender las reacciones ajenas.
Sabemos, además, que no es algo estático, y que se va desarrollando con los años, de una forma u otra. Y proliferan teorías como la de las Inteligencias Múltiples, o la Triárquica, o la de las Habilidades Mentales Primarias… La neurociencia, por su parte, la estudia como una conectividad cerebral emergente…
Las prisas del conocimiento
Y entonces… ¿Realmente estamos creando una? ¿Cómo lo sabemos? Y si es así… ¿Cuál? ¿De qué tipo? ¿Le podemos llamar inteligencia si no tiene los componentes de sentimientos, recuerdos, de la administración del organismo y sus señales, de esos intangibles que también somos, como los anhelos, los amores…? Nosotros hemos concebido y construido sus circuitos, creado sus formas de discurrir, aprender y, tal vez, algún día, razonar. Pero esto no la hace una inteligencia nuestra, sino, simplemente, algo hecho por nosotros.
Muchos expertos y creadores de estos sistemas de IA confiesan que estos han empezado a hacer cosas que ellos no saben de dónde han salido, o cómo las han aprendido. ¿En serio se maravillan (o alarman)? ¡Pero si lo han hecho sin conocer cómo funciona realmente lo que quieren reproducir!
(Al parecer, esta prisa que nos lleva a querer reproducir cosas sin siquiera esperar a conocerlas, es algo bastante humano. Después de todo, también nos estamos lanzando a conocer el espacio, otros planetas y estrellas, sin haber llegado a conocer a fondo nuestro propio planeta. Queremos empezar a hacer naves interplanetarias para viajar y expandirnos a otros planetas, sin haber estudiado siquiera decentemente, por ejemplo, la profundidad de los océanos de este, o comprender a fondo lo que ocurre, y por qué, en su núcleo. ¿Realmente queremos dejar atrás este, con tantas preguntas sin responder, y a ver qué se nos ocurre en el próximo?).
Verbo, y hubris
Se dice que las redes de la IA se diseñan, o están inspiradas, en las redes neuronales de nuestro cerebro. Los neurólogos e investigadores serios de la materia, los que saben cuánto nos queda por conocer en este campo, alzan los ojos al cielo cuando escuchan cosas así. Pero, incluso admitiendo que se intente honradamente hacer así… ¿Y qué? ¿Por ello debemos llamarlas como a la cosa a la que imitan, y darles el mismo peso intelectual?
Por otro lado, no sé hasta qué punto se pueda crear una inteligencia casi exclusivamente con matemáticas, electrónica, cibernética o programación. Y, por lo tanto, con razonamientos y creaciones condicionados por un corpus de conceptos, en gran parte, exclusivamente matemáticos y físicos.
¿Es la matemática, per se, un medio a partir del cual se puede construir una inteligencia? ¿Qué nos hace pensar que esta forma de razonamiento es la adecuada para modelar con ella una inteligencia que aún tiene para nosotros tantos elementos ‘intangibles’?
Decían los antiguos que en el principio estuvo el Verbo (ya no me voy a poner a discutir sobre lo que puede significar este concepto del Verbo, el sonido primordial. Si energía, si… Ufff). Y siempre he pensado que la matemática es, en última instancia, un lenguaje con el que hablamos con la Naturaleza, y cuando podemos entender lo que nos responde, alcanzamos momentos de lucidez que nos dejan descorrer algún velo, al menos un poco. Pero de ahí a pretender que pueda ser la arcilla con que podamos crear una inteligencia… ¿No es el más extremo de los hubris siquiera pretender que nuestro verbo pueda llegar a equipararse al Verbo?
Por qué la Gioconda es una obra de arte
Por otro lado, la Inteligencia Artificial no tiene (y pienso que es muy difícil que llegue a tener), una verdadera conexión con el universo intelectual humano. La IA nunca olerá un campo, o a un ser querido tras una jornada de sexo (podrá analizar olores con un sensor, pero no es lo mismo). Nunca volverá cansada del trabajo, o regresará cabizbaja al centro de trabajo tras unas vacaciones, ni sentirá cómo su cuerpo la traiciona en algún momento de la vida, con alguna enfermedad…
Pero, incluso si trascendemos esa componente ‘humana’, y nos centramos en lo intelectual… La IA nunca sabrá por qué ‘Los hermanos Karamazov’ es un gran libro, por ejemplo (*). Podrá analizar la obra en todos sus datos y métricas, pero no entenderá la sensibilidad y acierto con que apela a unas vivencias humanas, o sociales; cómo disecciona el alma, la espiritualidad, que late en las personas. Y por qué sus cualidades son superiores a otros libros. Una máquina, una IA, nunca tendrá esas experiencias, esos aprendizajes y contradicciones vitales que no son solo meros datos.
La IA nunca sabrá realmente por qué ‘Los hermanos…’ es un gran libro. Lo más que podrá aprender es que nosotros lo consideramos un gran libro. Y poco más.
Para la IA, una película de Orson Wells, o un cuadro de Leonardo, son simplemente imágenes. ¿Por qué la Gioconda es… lo que es para nosotros? Si otros retratos tratan de lo mismo, ¿por qué no los consideramos también geniales? No lo entiende, pues las cosas que hacen que lo de Orson Wells o Leonardo sean geniales no son (solo) sus componentes, o su trama, sino cosas intangibles, sutiles, que apelan a otras humanas, a veces inexplicables hasta para nosotros mismos.
La IA no será capaz de valorar este tipo de cosas. Cuando una obra maestra se reduce a su simple condición de imagen, y se equipara con cualquier otra, se pierden siglos de evolución intelectual. Sea cual sea la teoría a la que nos atengamos, ¿cómo podemos, por favor, llamar a esto inteligencia? Será una cosa muy útil, incluso revolucionaria. Nos curará mejor, nos ayudará en nuestra vida y nuestros trabajos. Es un adelanto magnífico. Pero no me gusta llamarla inteligencia, lo siento.
A pesar de que, claro, la seguiré llamando así, pues ya el nombre no hay quien se lo quite…
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(*) Las estadísticas afirman que cada vez se lee menos este tipo de obras ‘largas’ y ‘densas’. Es una lástima. Pero el argumento se mantiene: si lo quisieran, las personas podrían leerlas, y apreciarlas. Reconocerían en sí los sentimientos, contradicciones y problemas a los que se refiere. La máquina, no.
